lunes, 31 de enero de 2011

Inmóvil.

Postrada en aquel rincón. ¿Era un rincón? Ya no lo recordaba. Ella solo estaba allí.

Inmóvil.

Con la boca reseca, la sangre aun impresa de una herida que jamás cerró. Los labios marchitos, la sal apremia. Tanto tiempo paso que ya olvido incluso su nombre.

Inmóvil

La luz encendiéndose a intervalos cada vez mas distanciados, eran sus ojos, la oscuridad desplazando a la claridad cada vez que los cerraba y permanecía

Inmóvil

El mundo cambiaba, ella lo olvidaba, olvidaba su rincón. ¿Era un rincón? Y se perdía en la inmensidad de aquel mundo negro, mientras cerraba sus ojos.

Esquizofrénica, enferma, olvidada.
Con la boca reseca, podrida en aquel rincón, en aquella habitación de paredes acolchadas.

Sus manos estaban libres, ya no necesitaba refuerzos, se había quedado

Inmóvil

Las puertas permanecían selladas, su mano cerca de su rostro, con la boca abierta, como queriendo vomitar, su expresión se mantenía inamovible, muerta.

El mundo había muerto. Y se había olvidado de ella, que yacía

Inmóvil.

Postrada.

En ese cuarto de paredes acolchadas, y puertas selladas.



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